jueves, junio 16, 2011

A un gato...


Al hombre, sus palabras lo castigan y lo eximen con la misma validez. A éste, puntualmente, sus palabras lo han elevado fuera de los límites.

Música del Japón. Avaramente
De la clepsidra se desprenden gotas
De lenta miel o de invisible oro
Que en el tiempo repiten una trama
Eterna y frágil, misteriosa y clara.
Temo que cada una sea la última.
Son un ayer que vuelve. ¿De qué templo,
De qué leve jardín en la montaña,
De qué vigilias ante un mar que ignoro,
De qué pudor de la melancolía,
De qué perdida y rescatada tarde,
Llegan a mí, su porvenir remoto?
No lo sabré. No importa.
En esa música Yo soy. Y
o quiero ser. Yo me desangro

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