Dando vueltas, en alguna que otra casa de nuestro hermoso país - en Mar del Plata seguro,doy fe, pasar por la calle Storni-, debe estar descansando el DVD de David Gray, grabado a partir de una serie de recitales en Dublin. El DVD es genial, el material audiovisual invaluable, en especial el audio; David Gray es, lisa y llanamente, un groso.
Claro, el DVD no se compone pura y exclusivamente de lo acontecido en el marco de los recitales, sino que aporta, además, diarios de viaje, entrevistas y todo tipo de relleno destinado a no sé qué, pero gusta. En medio de ese relleno, anclado en un poblado Galés -ese universo rico en lloviznas y acantilados- es entrevistado un poeta vernáculo, quien diserta libremente al respecto de la obra de David Gray. De esa entrevista, que tenía más de charla de café - descontracturada y amena- me quedaron unas palabras que tomé como ciertas, como una verdad revelada. En rigor de la verdad, me quedó la idea, no las palabras, pues mi cita no es textual, sino conceptual: escuchar a David Gray supone que su música te llegue, te conmueva, independientemente de si uno es angloparlante o no; no hace falta conocer e interpretar el idioma para conmoverse, la emoción viaja por otros canales alternativos, ajenos al entendimiento racional y literal del lenguaje. Esta idea se aplica a muchos artistas, en mi caso el argumento me sirvió para justificar que mi inglés ha sido siempre limitado y lo que me queda de las canciones es la melodía. De todos modos, no me resulta inválida mi argumentación precaria...
Pobre de Mozart, de Bach, de Schubert, del que le dió el nombre al San Bernardo de la peli (?) si la música sólo es escuchable por las letras; nadie, jamás, hubiese sabido de ellos. En fin, lo que importa es la melodía, el resto sólo acompaña, en ocasiones de manera majestuosa, en otras discretamente y en otras, honestamente, hace mierda una canción.
Esta idea, esta noción de que la música llega a través de un sentido que no está mencionado en el reconocido quinteto sensorial -pues el oído es sólo el medio imparcial que le abre las puertas,-me ha dejado tranquilo y me ha hecho regocijar con un nuevo descubrimiento, tardío, exagerado y personal, pero descubrimiento al fin: Escuchando a Otis Redding se puede llegar a creer en Dios. En todo caso sentir cierta presencia, fuerza, o sensación de pequeñez ante la grandeza de una voz; un estado emocional de abstracción semejante a la separación de esa unidad indivisible (vaya contradicción) como es el Cuerpo-Ser (y digo Ser porque aún no sé si se trata de Alma, Espíritu, Razón o qué, supongo que ya lo sabremos). Sí, es exagerado, pero para desmentirlo van a tener que morirse y venir a decirme...
Otis Redding es el puto amo; no el único, pero sí un excelente intérprete que nos espera sentado en el muelle de la bahía. Del otro lado, claro está.
Gracias por tanto.

2 comentarios:
Muy bueno el blog, te dejo el mio
http://basta-fuerte-radio.blogspot.com/
Nos leemos, saludos.
Este Blog está resurgiendo, de a poco tendrá más continuidad.
Gracias por pasar, en breve hago una ojeada por el tuyo.
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