jueves, noviembre 19, 2009

Wim Wenders


De algún modo todo se conecta.


Hace cinco años saludé a un hombre en la calle; él famoso, yo de aquí para allá en un camión repleto de bidones de aceite. Un pequeño y berreta acto de cholulismo, ciertamente.


Ese hombre, ahora, conduce un programa de TV cuyo nombre es el título de un cuento de Cortázar, otro que entra en mi vida por la puerta de adelante. En ese programa se emiten especiales de Blues, esa excusa que tenían los negros para hacer magia y mandar a sus patrones a la mismísima mierda.


Hace un rato, o menos de un rato, uno de los programas era abastecido por Wim Wenders, un tipito que ni-fu-ni-fa, sólo que en su vida ha realizado irrupciones fílmicas tan hermosas como "wings of desire" o "So far, so close", caricias germanas que no se difunden, pero están ahí.


Y entonces la misma cosquilla de siempre, decirle al azar que no existe, que hay un hilo forjado en emociones e impulsos, un caminito de migas de pan que van acarreando al destino. ¿Por qué la obstinación en pensar que el destino es futuro?
Bienvenido Wim, sabía que andabas por ahí.


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