martes, octubre 30, 2007

Luciérnagas


-¿cómo podés ser tan mentiroso Omar? Ya dejó de ser gracioso, en algún momento me parecía simpático de tu parte, luego pensé que era patológico, pero decididamente sos un irrespetuoso, nos tomás por idiotas a todos, ¿qué sentido tiene hacernos quedar en ridículo?.


-Pero no doña, es verdad. Pasa que usted se olvida y yo la entiendo, todas esas pastillas que le da el doctor Moreno... Es inevitable que las tejas se le caigan del techo. No me mire así, a mi nadie me da crédito sobre lo que cuento, pero le aseguro que ésta vez es verdad.


-Mirá nene, tomátelas, agarrá tus cosas y andate ¿vos pensás que voy a creerte y te voy a comprar estas fotos?.


-Sabe lo que pasa doña, usted perdió la emoción por las cosas, ya no cree en lo maravilloso de la vida, ni en los regalos de la naturaleza. Sin embargo yo le voy a contar...


...Resulta que yo tengo el primo ese en Chivilicoy, no sé si usted lo conoce, pero el muchacho es tan lindo como una musaraña peruana, más o menos. Creo que no conoce el sol, sale siempre de noche porque tiene miedo de que al salir de día lo pesquen y lo repatríen para Chernobyl, así de lindo es. Resulta que él, por ésta cuestión de salir sólo de noche, se conoce todos los recovecos del pueblo -o ciudad, como dice él-. Entonces cuando voy yo, cuando mi padre se digna a meterme en la camioneta junto con las bolsas de harina y llevarme, nos vamos a pasear de noche los dos, claro que tiene que hacer calor, porque sino ni ganas de salir por ese lugar. Imaginará usted que éste, mi primo, me llena la cabeza con cosas de pueblo: que la llorona de acá, que las noches de luna llena el lobizón aparece detrás de la ferretería, que la luz mala siempre se hace notar después de época de los novillitos... Bueno, me come la cabeza con leyendas y saberes vernáculos mi primo. Sin embargo la otra noche -sin que él me dijera nada- noté el extraño comportamiento de unos bichitos de luz que rondaban cerca del parque. Digo extraño porque parecían estar recibiendo órdenes, como si se tratara de luciérnagas organizadas. Me fui acercando sigilosamente -esa palabra la aprendí en la tele- hasta donde estaban ellas, me escondí atrás de un plátano y comencé a ver, totalmente conmovido, lo que usted tiene aquí, que no estuviera en sus manos de no ser porque siempre llevo la camarita de foto en el bolso. Y bueno, eso es todo, yo todavía no lo creo doña, ¿qué le puedo decir? no lo creo, es una anomalía, lo sé, por eso mismo le ofrezco la foto barata para que la conserve y la mande a las revistas o adonde usted considere, todo lo que la imagen genere quedará para usted. ¿qué le parece, doña Rita?.
-Pero Omar... omarcito, ¡la puta que te parió omarcito! soy vieja pero no estúpida. ¿Vos pensás que me vas a vender la foto de un reflector de plaza diciéndome que es una lucíernaga gigante??
- ¡ma´sii! está bien, pero dígame ¿no lo parece? así, vista de refilón ¿no lo parece?.
-Andá Omar, andá que tu tía te debe estar esperando. chau cariño, Dios te bendiga.
-Adiós doña. Suerte con la osteoporosis.

1 comentario:

Juli dijo...

lindo blog..un besito