viernes, agosto 31, 2007

Buenos Aires


Ellos cantaban y en su canto lo insoportable, la reiteración absurda de palabras ya escuchadas. Armonías cuadradas, masticadas involuntariamente a manos de la cumbia de los vecinos y los candombes de los viejos que jugaban bochas. Todo acurrucado ya en aquel pasado de potreros con cardos y noches de escondidas. Podía abstraerme, disimular el tedio acústico y mirar por la ventana, reparar en la lluvia oblicua que había caído ese sábado para disipar todo plan recreativo, toda esperanza de paseo vespertino con fondo de palomas y malabaristas. Después, con el astro ya derribado, la música potenciaba su redundancia, retumbando y resonando, haciendo imposible terminar la lectura de aquel ruso muerto. Se filtraban los tambores rioplatenses y la melodía...la melodía que no era tal, se había quedado allá, durmiendo en el río, o ahogada en él, porque todo llegaba como un constante deletreo. Una marcha invariable apenas alterada por un vozarrón... algunos le llaman música.
Era previsible, no lo intuí por estar compenetrado y preso en mi fastidio acústico, sin embargo era de esperar que la mujer madura se asomara, abriera los pesados postigos de su confortable vivienda y se anunciara impetuosamente-
-Hagan algo de Piazzolla la puta que los parió!!
En la calle los músicos fueron deteniendo coordinadamente sus instrumentos, quienes bailaban inclinaban poco a poco la mirada hacia el segundo piso, en donde la señora contemplaba la escena como un búho..
Primero el llanto de un bebé.
Después una botella de vino reventando a un metro de la vieja del postigo.
Sobre gustos...

2 comentarios:

Visitante ocasional dijo...

jaaaa yo que pensaba que los porteños eran puro glamour. Me gusta la foto, pareciera el Flatiron estirado. Le cae a uno encima la convivencia.

Anónimo dijo...

Me remonté a una tarde en San Telmo, la orquesta callejera y un conventillo de postigones descascarados