jueves, julio 31, 2014

Mogwai

 

  El soundtrack de una biopic depresiva.
  
  Pero es honesto, hay que reconocerlo. Preferible ese discurrir angustioso que una alegría impostada.

  Y si el sonido se absorbe por un sentido, refracta otro. Y ahí están las imágenes, que no son necesariamente fruto de un sentido inmediato, sino que vienen como recortes de peliculas noventosas, de clips Xgames antes de que irrumpa de lleno la Go-pro; con chicos que van en skate, con longboards que descienden en espiral por carreteras de Finlandia.  Las imágenes que se suceden de modo ecléctico remiten al Neon Wilderness a ciudades como Detroit, al cemento.

  Es bueno. Un Sonic Youth con menos mambo.

martes, julio 29, 2014

Mi amigo Gregorio

Qué poco queda de ese mundo.

Gregorio llegó a casa de la nada; de la mano solidaria y asistencialista de alguna vecina, supongo. No era el Kapeluz ni el Santillana; era, más bien, un libro anacrónico: los niños que habían aprendido con él ya eran poco más que adolescentes, tomaban merca y cogían sin forro. Sin embargo Gregorio me ensañaba a unir las letras, a pronunciar monosílabos para desasnar tal rigidez producto de seis años colgado de un árbol.

No hubo página de ese libro que haya quedado ajena a los garabatos del niño; Escudos de fútbol, tortugas ninjas y Simpsons a granel adornaron las carillas de Gregorio.

Luego llegó el Gráfico, Muy Interesante, Condorito y finalmente sí, los Santillana. Gregorio quedó en un rincón, tiñendo de amarillo el contorno de sus bigotes y su sonrisa tonta.

Gregorio, la piedra angular del mágico mundo de la lectura.


Sri Lanka


    En mi jardín trasero estaba Sri Lanka. Verde. Tupida. Húmeda. Sri Lanka era un pedazo de terreno verde, lleno de gatas peludas y bicho bolitas que se dejaban ver cuando corría la corteza de los eucaliptos. 

   Qué recurrente son los eucaliptos en cada ensayo, hay algo imborrable de ellos y es el miedo que me provocaba escucharlos las noches de tormenta. Los escuchaba como gritos de un gigante, como una avalancha de hojas histéricas y enojadas, imaginaba sus pirnas quebrándose como ramas en la llama.
  
   Una vez se cayeron, no en casa, en lo de Damián. Se hundieron en sí y luego fueron hacia delante, como si bajo ellos un barro, una arena movediza, les quitara el sostén y los dejara a la buena del viento. Y ahí quedaron, arriba del chalet de Damián, dos eucaliptos descuidados por la tierra. 

   En Sri Lanka me encontré con Anahí, de noche, mientras me hamacaba contando estrellas. Anahí nunca supo nada.

  Sri Lanka era el potrero en el cual Ravelli le atajaba un penal a Trifon Ivanov. Ivanov era feo, pero le sobraban huevos.

  En Sri Lanka Bebeto hizo un gol y bailó con una camiseta holgada, le llegaba a las rodillas. Le tapaba las rodillas. Todos éramos Bebeto. Todos bailábamos como los cronopios.

  Roy Orbison se cierne sobre los sueños.

  


  

martes, abril 16, 2013

Go



 Bajá la guardia, hombre impostado.

 Ya no hay flashes
 el telón ha caído
 como la cúpula de una iglesia en llamas.


 Respirá, hombre aparente.

 largá el aire.
 Que caigan esos hilos forzados
 Tensionados
 que mantienen tu sonrisa artificial.


 Vomitate, hombre camaleónico.

 Ha sido efectivo el relato de vos mismo
 pero ha caducado.


 Caigan ya tus ladrillos, tu pintura

 conveniente
 calculada.
 Que se desarme tu cuerpo y allí
 con tus restos
 has de erigirte.
 Nuevo.
 Fresco.


Renacer

como un ser vivo
simple.
Sin mayores pretensiones que reir.


martes, abril 09, 2013

Plomo

   Lo vemos todo.
   Lo vemos todos.

   Una lluvia rauda. Densa.
   El árbol alto y rudo que se hamaca en el viento.
  Otro árbol se mece, como un péndulo verde sostenido en raíces endebles.
  
  El telón gris se cierne sobre nosotros. La opacidad de la tormenta. 
  Los granos que se hinchan en el suelo. 
  Un charco inmenso hecho barro.
  Hecho vida.
 
 Un ave corta el cielo cuando la lluvia mengua.
 El cielo embate nuevamente. 
 El limonero se rinde. 
 Los eucaliptos son como un coro de niños que arrulla el viento.
 Las hojas caídas se pegan unas otras. Se entierran. 

 El agua barre la tierra de las farolas.
 
 Un pájaro hermoso
 de pecho amarillo y antifaz de bandido
 bebe el agua espesa del suelo 
Sacude sus alas
 
 El cielo no abre.
 La lluvia no cesa. 
 Las gotas son un ejercito.

 En el mosaico yace una libélula que horas atrás invocó un diluvio.
 Vaya ironía.
 
 El verde es más verde. 

martes, marzo 19, 2013

Lorca

Y esa metáfora
improbable
de frío en el alma
de frío en los huesos
nunca nos dejó conformes.

Tu alma es un prado
colorido.
Lleno de vida
de vientos arremolinados

Tu alma es el halo jovial
juglar
que proyecta tu rostro
cuando ríe.

Mi alma no es nada.
El rincón oscuro 
infinito
de un cuadrado
donde la luz no existe.

Poco importa.
Nada.
Cuando esos espectros se encuentran
Tu alma
la mia
Yo existo.

martes, marzo 12, 2013

algúbb



Cacho

   Finalmente me di el gusto. Tanto admiré a los árabes y su empleo de la tierra -o de la falta de ésta-,  su explotación de los espacios, el majestuoso aprovechamiento de los recursos escasos. En casa no me entienden, y lo sé, es un esfuerzo, es molesto, le volé las plantas a Gladys y le arruiné a Bruno las tardes de fútbol, pero cómo comparar esas frivolidades con el encanto de ver, aunque sea en una pequeña escala, una obra de ingeniería milenaria, eficiente, y salvadora. Más aún, haber ejecutado esa obra: hacer el pozo con mis manos, revestir las paredes, adornar la superficie con metales, con cemento. Algo tan simple, tan al estilo Gaudí (Hierro y cemento, nada más). 

  Ahora lo observo. Es hermoso, irrumpe en el patio, delimita un centro, algunos pastos crecen a su costado, los ladrillos se alzan un metro sobre la tierra, el balde de aluminio tirado a su costado, la cuerda enredada, el agua fría por la mañana. Es una postal hermosa, como aquella que anido desde niño, en casa del abuelo, en mi lejana oeste bonaerense. Me gusta ir después de la lluvia, traer agua, saborearla. En casa no entienden. En casa no sienten.


  Bruno

  Ayer llegué de la casa de los abuelos. Mañana empiezo tercer grado, ningún chico se cambió de escuela. Hoy le dije al pacha si quería venir a jugar, pero me dijo que no, que no quiere venir más a casa porque tiene miedo. Le tiene miedo a eso. Yo también le tengo miedo, pero no puedo hacer nada hasta que sea grande. Por ahora tengo que verlo todos los días. Ayer me acerqué, miré las cuerdas, miré para abajo. Todo Negro. Dibujé un escudo de Boca en el ladrillo y tiré unas piedras. Mi Mamá no me vio, si me ve tirar piedras ahí me tironea la oreja. La semana pasada me pegó una patada en el culo cuando sacó un botín con el balde. Yo creo que ese día estaba más enojada que nunca, porque quiso sacar un balde lleno para tirar agua en el inodoro y perdió los dientes postizos en el esfuerzo, se le cayeron en lo más hondo. Todavía no aparecen, ya se habrán podrido.

 Mamá dice que fue un capricho de papá. Papá dice que cumple con una obligación. Yo no sé quién puede obligar a papá para que haga un pozo en el medio del patio, pero él habla de sentimientos y bueno...No sé que es un sentimiento, pero debe ser fuerte.


 Gladys

  ¡Quién te mando, cacho! ¿Quién? Los vecinos de al lado se arreglaron con una bomba, nosotros tenemos el bombeador, que sí, bueno, a veces hincha las pelotas cuando rebalsa y nos llueve en la pieza, pero vos...No, claro, vos y tus obras faraónicas. Siempre lo mismo, cuando pusimos el televisor compraste una vara de diez metros para usarla de antena, era obvio que para sacar agua no te alcanzaba con un simple caño en la tierra. Cacho... "¡La puta que te parió Cacho! no estás en todo el día y la desdichada que va y viene con los baldes soy yo, la que pierde la vida quemándose las manos con la soga soy yo. Me arrancaste las margaritas, los malvones, los pensamientos. 

  La otra noche, yendo al baño, casi me pierdo en la profundidad de ese pozo. Y qué me importa si los moros o los persas, ¿Qué me importa? yo quiero abrir una canilla y sacar agua, no quiero magia, no quiero un circulo de ladrillos adornado con unas chapas, no quiero nostalgia del pasado, quiero agua. Inocua. Insípida. Incolora.

  
     

viernes, marzo 08, 2013

Escaleno



Irse
perderse en un tobogán curvo. Resbaladizo.
Emprender un descenso apacible hacia manos que esperan.

Caer.
No bruscamente.
Caer como deslizarse
hacia las manos que esperan
hacia un precipicio que no es tal.


Llegar
a una orilla desierta. 
al desamparo de un náufrago.
A una grieta entre el horizonte y el mar.

Irse.